Por Eddy Ulerio

Las elecciones, son una herramienta democrática, utilizada por la mayoría de las personas que viven un país, un estado o una ciudad, para elegir a los servidores públicos que desean que los represente.

Independientemente del partido político al que se pertenezca, los elegidos, son personas que “encarnan” las aspiraciones y deseos de esa mayoría que los ha escogido.

El problema mayor, es cuando los candidatos venden como plataforma de campaña, aquello que los votantes quieren escuchar, pero que en la práctica, no cumplen sus promesas. Lo peor es, cuando se elige a alguien que ha basado su campaña en ofertas de corte racista y religiosa.

Los primeros, pretenden una cacería de todo lo que no representan sus ideas eugenésicas de la pureza y la superioridad de la raza blanca.

Los segundos, con algunos argumentos a favor de la vida y el matrimonio entre un hombre y una mujer, seguirán a ciegas al “escogido de Dios”, sin importarles que el “elegido” mate a otros de hambre, viole derechos, acose mujeres y beneficie a los ricos en detrimento de la clase trabajadora; siempre y cuando sea creyente en Dios, apruebe las lecturas de la Biblia en las escuelas y ore con pastores, etc. Un tipo de fundamentalismo religioso, incapaz de luchar por la justicia que la misma fe exige.

Donald Trump, asciende a la presidencia de EE. UU., en unas elecciones cuestionadas y tintadas de una posible ingerencia extranjera, motivadas y animadas por colaboradores cercarnos, que optaron por decir que trabajaron por su cuenta en el sabotaje electoral.

Desde los primeros días de su presidencia, Trump ha dado muestra, de ser incapaz de dirigir esta nación, estigmatizando razas, alentando grupos neo-nazis con discursos populistas, chocando de frente con los poderes del estado, irrespetando a sus opositores politicos, socavando la política exterior de este país, con acciones bélicas y guerras comerciales innecesarias.

El presidente Trump, aún sabiendo que la pandemia de Covid 19, estaba a la vuelta de la esquina, bromeó con ella y no tomó a tiempo las medidas preventivas para evitar que este virus, no causara el impacto que ha causado a este país.

En medio de la pandemia incontrolable, en días atrás, el presidente alentó en sus intervenciones de prensa a simpatizantes a ir en contra del confinamiento que algunos gobernadores dispusieron para sus estados, con la finalidad de preservar las vidas de sus residentes, a pesar del colapso de sus economías.

El presidente desde Twitter, sin el más mínimo pasmo de nariz, aconsejó a la gente a tomar medidas pocos científicas para combatir el Covid 19, creando más confusión y dificultades a una población desprovista de las cosas esenciales para sobrevivir.
Los billones aprobados por el Poder Legislativo y firmado por el presidente a finales de marzo para el alivio de la economía y repartidos por los bancos a los más ricosm cuando los pequeños negocios son un sustento vital para las economías de los gobiernos locales, por las recaudaciones y la creación de empleos.

Si los millones que recientemente fueron aprobados para los pequeños negocios, no se distribuyen equitativamente, muchos de éstos, desaparecerán irremediablemente y el desempleo llegará a su nivel más alto.

Estamos en momento gris de la historia de este siglo. La pandemia no vislumbra desaparecer a corto plazo y sin una vacuna que pueda detener su avance mortal, estamos condenados a vivir confinados por un largo tiempo.

Aunque recientemente el presidente ha optado por no hablar todos los días, problamente a pedido de sus asesores, lo cierto es que en este país desde enero del 2017, hemos estado yendo a la deriva.