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Libros

Se ha dicho mucho de la poesía, pero yo creo que todavía no se ha dicho nada. Y es que la poiesis es un misterio que, como la vida, está ocurriendo a cada instante; un misterio que nadie jamás podrá develar; un misterio que nos sobrevive. Pasarán los años, y, con ellos, pasaremos nosotros, pero la poesía se erigirá en el tiempo cual eterna columna de armonía; porque ella, la divina poesía, está en todas las cosas: en lo fugaz y en lo eterno. El poeta Eddy Ulerio parece ser consciente de esto, pues, de manera sorprendente, ha captado de la forma más trasparente posible, la poesía de la cotidianidad, la poesía del sentido y la poesía del sinsentido; la poesía del ser y la poesía del no ser, la poesía terrígena y la poesía etérea.

Veamos:
«En la rutina
–frustración meridiana–
vamos muriendo despacio
en el silencio estrujado»

Para él, la rutina, más que la madre del aburrimiento, ha llegado a ser una frustración inmensa, en que vamos muriendo despacio y silenciosamente, y sin que se den cuenta las otras víctimas del silencio. Un pesimismo fatal ha dejado en el poeta la involución humana… La desintegración del alma. Y declara amargamente:
«A cada paso
un escollo nos detiene:
en un apretón de mano
se agazapa la envidia»

Duele saberlo. Pero, hasta en un saludo se esconde el veneno mortífero de la sierpe humana. La maldad nos corroe, y así, sin más
«nos deshacemos como el barro
incapaces de recuperar
la esencia infinita.»

Miguel Contreras
Prologuista

Vivir

Vamos de prisa sin vivir
palmo a palmo
cada instante
como último.

En el presente
nos vamos perdiendo
en la rutina de los días grises
que nos impone el trabajo.

Cada pisada en falso
nos distancia de lo que somos
y la soledad
nos descompone.

La mentira

Palabra marchita:
fruto que madura
bajo el amparo de lo que somos:
desparpajo de verbos
ensayo dialéctico
de lo que se esconde entre cejas.

Como equilibrista griego
la conciencia a la intemperie
malabares de valores
historias apócrifas
realidad que se impone.

Se deshace la mueca
como castillo de naipes
vivencia simulada
rostro descompuesto
mirada que se clava en las pupilas.

“La inmigración, es un fenómeno innato en todos los seres vivos; estamos predeterminados a sobrevivir, y más allá de esto, tendemos a buscar un lugar donde podamos prosperar.

Hoy en día, Hazleton sigue siendo una de las pequeñas ciudades de Estados Unidos de las que más se escribe y a menudo no es bien vista, por ser racista y poco acogedora para los inmigrantes. Ulerio nos lleva a través de la historia del estado y luego de la ciudad, mostrándonos que esta ciudad, siempre ha sido un lugar difícil para los inmigrantes. 

Puedo responder por eso. No somos Filadelfia, en tamaño, forma, historia o educación. De hecho, los primeros en llegar aquí, encontraron un clima insoportable: pantanoso y frío. Como Ulerio dice, si no fuera por el carbón, Hazleton podría no haberse elevado nunca al estado de ciudad.

Los trabajadores de las minas de carbón, fueron persuadidos a venir aquí, con promesas de encontrar calles pavimentadas u oro en el noreste de los Apalaches. Para todos menos unos pocos, este sueño se mantendría en el ámbito de los cuentos de hadas, ya que los mineros soportaron vivir como sirvientes contratados, que viven en la pobreza, un paso por encima de los esclavos. Se reunieron en su mayoría en guetos étnicos y se instalaron en diversas áreas de la ciudad y las localidades adyacentes. 

La mayoría de estos mineros de finales del siglo XIX y XX procedían de Italia y Europa del Este, y algunos también provenían de Irlanda y otros diversos lugares de Europa. No podían hablarse los unos a los otros.

Es interesante que, durante ese tiempo, una rica mezcla de idiomas se hablaba aquí. En los primeros días, los grupos étnicos rara vez se mezclaron o contrajeron matrimonios mixtos. Era la regla no escrita: un minero italiano debía casarse con una mujer italiana; un polaco también debía casarse con una mujer de su grupo étnico. Como esta ley trascendió la minería, se abrió paso también en el mundo de las profesiones y los negocios.

La Migración Hispana de Hazleton, sólo pudo haber sido escrita por Ulerio, quien ha sido un líder de la comunidad durante casi dos décadas. El libro es único y lo que expresa es necesario que se sepa.

Para resumir, Ulerio, que fue profesor y ahora editor de un periódico y poeta, encarna las palabras del poeta estadounidense Walt Whitman quien, mientras se desempeñaba como enfermero en el Norte durante la Guerra Civil Americana, escribió: Yo soy el hombre / Sufrí / Estuve allí”.

Maria Jacketti, PhD

Prologuista

“Si al curiosear originario de todo ser humano le agregamos sistematicidad en el asombro y en el afán por dar razón de lo contempaldo con argumentación lógica y racional, nos encontramos frente a un filósofo. Pero si entramos en contacto con un ser humano que habita entre ese asombro y ese afán, reconocemos a un poeta. Ese que anda y desanda el camino que va entre el abismo misterioso de la vida que lo envuelve y la fiesta de señalarlo con el juego del lenguaje. Poco le importa ser atrapado por el asombro; menos, someterse o no al lenguaje mismo. Canta porque es su única manera de caminar.

En esta travesía de Ulerio, me encontré con reflexiones de un filósofo y con cantos de poeta, entre sí entremezcladas, como suelen ser las estaciones del alma cuando jadeante tiende a pausar su agitado vuelo entre el Cibao de la República Dominicana y el Estado de Pennsylvania”.

Henry Rosa Polanco, PhD

Prologuista

 

Comentario de un poeta

“Eddy Ulerio alega ser un poeta nuevo, mas no lo es, ya que su poesía, aunque edificada con un lenguaje sencillo, con ladrillos que parecen comunes, nos invita en cada verso, a penetrar en el laberinto del poeta y su más íntima realidad. Así, la poesía de Ulerio, por una suerte de magia, nos concita a pasar de la cotidianidad de lo urbano, con sus marañas de traiciones y nobles sueños, a la profundidad del amor reprimido, y a la reafirmación de una fe, que aunque no revestida de templos y ritos, no deja de ser mística. Les invito a leer esta primera criatura pública convertida en versos, para que seamos testigos de un crecimiento que apenas comienza”.

Tomás Rivera Martínez

Lo que escribo

No sé lo que escribo
mis dedos se crispan
cada vez que intento explicarme
es un dictado
que no logro aprehender
un aguijón que tira de mí
como caballo desbocado.

Confieso que me gusta
no soy común
como creen los demás
al abordarme con preguntas
dardos de cicuta
palabras duplicadas
diezmadas a intereses
disonantes monólogos
que van al aire
y no regresan más.

Lo que escribo es para lectores
no busco comprensión
ni adeptos
no soy maestro de ejemplos
soy humano
mi forma de expresión.

Soledad

Redescubro tu imagen
en mi memoria
cuando aún estabas
y te movías por los rincones
en abrazos tiernos.

Cabizbajo corazón
abraza distancias
otea una sombra
galopa la sangre
instante que se repite
cada vez que estoy en casa.

Activo

La poesía es mi pasión