Abrazado a tu aroma
condenado al olvido,
me siento a recordarte
y en el  día,
se derriten en mis manos
los sueños.

Donde antes crecían las flores,
se marchita el amor
y el junco sacia su sed
con las lágrimas de la nostalgia.

En cada invierno es lo mismo,
las noches mueren sin abrigo
el rostro de la esperanza
ha volteado la mirada hacia el ocaso.

©Eddy Ulerio