La certeza de la vida se cuela por los poros de la luna. Este batallar inútil que se pierde en los afanes de los días robados por el  carcelero tiempo. Nada puede calmar la angustia de la finitud rebosada de  intrascendecia meridiana.

Para qué dar vuelta en las ideas, las mismas ideas que desdicen el sentido.  La nada es el lugar donde no habita la razón. Acribillar las dudas con argumentos abstractos puede llenar los rincones de la casa de fornidos guardianes dispuestos a jugarse la vida.

Pasajeros momentos que se incorporan  decididos, cansados de fábulas milenarias. Arropada el alma gitana de magia y azares, escondida en el cotidiano devenir de un tiempo cabizbajo.

La sabiduría señala un camino moribundo de preceptos de hombres piedra de largas barbas y pisadas de fuego. Qué se yo de eternidad? Encrustada como verdad, suscite la palabra, la que fue nombrando todas las cosas en un orden matemático. Serena la tarde que entristece al caer.

El viento silba en su correteo sinuoso arrastrando las hojas secas de los libros quemados a mansalbas por  el fuego de la fe.

© Eddy Ulerio

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